Estamos con Martín, el profe de lengua, en el Museo Sarmiento , cuando se acerca Guillermo el
dizque nuevo director de la escuela. Sin
mediar saludo pregunta si tengo los Acuerdos Institucionales de Convivencia
(AIC). Las que leen se preguntaran que
son los AIC, aunque seguro muchas oyeron hablar de las tumultuosas reuniones
del Consejo de Convivencia del año pasado.
Muchas cuestiones que hacen a la convivencia de la 12 se fueron tratando
ahí, de hecho, muchos docentes fueron participes de arduas discusiones junto a los consejeros estudiantiles y todas vimos desfilar buena parte de los
problemas de la escuela por el Consejo desde hace ya unos 10 años. Pero nada de esto parece saber nuestro
acalorado director que reclama a voz en cuello los benditos AICs para asombro
de Martín que nunca antes lo había visto
y me mira con desconcierto.
Los AIC se envían a La Plata para que sus
funcionarios den el OK y lo hagan oficial y con esta bendición oficial
funcionan las sesiones del Consejo. La última
vez que se hizo esto fue en época de Marta Simonetti y fueron mínimamente revisados en la gestión de Sonia
Baldochi. Explico pacientemente esto
a Guillermo quien afirma que es
indispensable, pegarlos en los cuadernos de comunicados (alguien vio este año
el cuaderno de comunicados?) y que todos
“se notifiquen”. Le comento que prefiero
actuar como se hizo antes. O sea convocar
a reunión de toda la escuela con docentes, estudiantes y padres y ahí refrendar
los acuerdos y poner en marcha el Consejo.
En un auténtico diálogo de sordos,
yo insisto en que primero la reunión y luego la “notificación” y el
invierte los términos: primero la notificación y luego la reunión. Empiezo a hablar acerca de las virtudes de
la democracia pero llega la Seyhueque y todo queda ahí.
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