La
educación, es un derecho humano. No tenemos el poder de privar las desiciones
individuales de cada estudiante en cuento a su trayectoria academica, ya que
estaríamos ejerciendo una de las peores violencias conocidas en la historia: la
violencia institucional.
Tan
grave es el cambio en la gestión del gobierno escolar que puede sufrir una
institución, que ante el hambre de querer engullir cada sistema burocratico
acontextualizado, genera trastornos educativos en las trayectorias escolares de
los estudiantes. Un ejemplo claro de esto, es intentar cambiar un horario
escolar, donde indudablemente se intenta regularizar la gestión enfocada en el
docente. El fordismo haciendo de la suyas nuevamente. Se dedica recursos
extraordinarios para “regularizar” esa decisión, que el estudiante solo figura
en carácter consultivo. Este hecho, estas acciones, representan la violencia
institucional.
“El
cambio de horario está fundamentado en que se detectaron irregularidades en los
horarios docentes, por ende, se debe completar toda jornada como corresponde”
(…) “ Los estudiantes tienen derecho a la educación, el cambio de horario
apunta a que se cumpla”. Ambas frases en el mismo plan de gestión, son
diametralmente opuestas. ¿Por qué? Sencillo. Para que se pueda realizar una
gestión apuntada a cumplir los derechos de los niños, niñas, adolescentes y
jóvenes adultos, es necesario consensuar con estos las necesidades
administrativas que posee la escuela como institución. La imposición por sí
sola, es violencia. No ha existido ni la categoría mas básica con los
estudiantes en cuanto a su participación en la toma de decisión: la consulta.
Bien digo “básico”, porque lamentablemente es el rol que se les asigna. Se
ignoran las motivaciones de ingreso a una escuela determinada por parte del
estudiante, cuestión que generalmente atiende un asesor pedagógico, pero que
debe atenderse por el solo hecho de ser seres humanos. No se proyecta su
permanencia, porque hablamos de números que suben o bajan (matricula), y muy
lejos está en este tipo de escuelas, pensar en el egreso y continuidad.
Entonces, y para completar la idea primera, toda gestión escolar está condenada
al fracaso cuando las fuerzas burocráticas buscan un bien común ajeno al
estudiante. Quien caiga en esta lucha de clase, será inevitablemente
deshumanizado.
“Si
se sabía que el horario de la escuela iba a ser este que ponen, directamente me
anotaría en el polivalente que tanto deseaba y que tiene los mismos horarios.
Decidí ésta escuela por mi familia, por los horarios y por lo que quiero en el
futuro.” Palabras de una víctima de violencia institucional, tras estar a un
año de egresar y sentir que tomó la peor decisión académica de su vida
adolescente. El que escucha desesperanzado de no poder participar en el
gobierno escolar y representar esa voz de “un numero de la matricula”,
desespera en la intención de contenerla ofreciendo practicas docentes acorde a
sus necesidades educativas.
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